☽︎Sky and Signs

El cielo de los vikingos

Sköll y Hati, los lobos que persiguen al sol y a la luna

Snorri Sturluson cuenta en la Edda en prosa, hacia 1220, que un hombre llamado Mundilfari puso a sus dos hijos los nombres de Luna y Sol: Máni, el hijo, y Sól, la hija. A los dioses no les gustó, así que los subieron al cielo. Sól conduce los caballos del sol, Árvakr, «el madrugador», y Alsviðr, «el muy fuerte». Máni guía el curso de la luna y decide cuándo crece y cuándo mengua.

Máni se lleva consigo a dos niños, Bil y Hjúki. Hoy se los suele leer como las manchas de la luna, pero esa lectura es moderna: el texto solo dice que los niños siguen a la Luna, «como se puede ver desde la tierra».

Los dos lobos

Poco después, Snorri presenta a los perseguidores. Sköll corre detrás del sol, «y la alcanzará»; Hati Hróðvitnisson salta delante de ella y quiere atrapar a la luna. Los dos descienden de una giganta que vive en Járnviðr, el Bosque de Hierro, al este de Midgard. De esa misma camada saldrá Mánagarmr, «el perro de la luna», que se tragará la luna y salpicará de sangre el cielo, y entonces el sol perderá su brillo. El nombre de Mánagarmr solo aparece en Snorri.

La Edda poética dice algo parecido. En el Grímnismál, Sköll sigue al dios resplandeciente hasta el Bosque de Hierro, y Hati, el hijo de Hróðvitnir, acecha a la ardiente novia del cielo; el traductor Bellows advierte que lo del Bosque de Hierro es una corrección de un pasaje oscuro. En la Völuspá, una vieja giganta del Bosque de Hierro da a luz a la camada de Fenrir, y uno de ellos robará el sol del cielo; más adelante, «el sol se vuelve negro» y las estrellas caen. En el Vafþrúðnismál es el propio lobo Fenrir quien atrapa al sol, aunque antes el sol ha tenido una hija que recorrerá sus caminos después del fin del mundo.

¿Un mito de los eclipses?

Todos los textos nórdicos colocan el momento en que los lobos se tragan al sol y a la luna en el Ragnarök, el fin del mundo. Ninguno dice que un lobo cause un eclipse cualquiera, y ninguno habla de gente que grite o haga ruido para espantarlo. Lo que dice la tradición, por tanto, es esto: los lobos persiguen al sol y a la luna y los tragarán al final de los tiempos.

La idea de que los vikingos veían en cada eclipse a un lobo que se comía el sol viene de Jacob Grimm. En su Mitología alemana de 1835 pasó directamente de los lobos de la Edda al miedo pagano a los eclipses y a los gritos con que se recibían. Esos gritos sí están documentados, pero en sermones y leyes en latín del continente: Máximo de Turín, en el siglo V; Eligio de Noyon, en el VII; una lista de supersticiones del VIII, que recoge la exclamación «Vince luna», «vence, luna»; Burcardo de Worms, en el XI. En ninguno aparece un lobo. El propio Grimm observó que los textos nórdicos, que cuentan el peligro de ser tragados con más detalle que nadie, no mencionan ningún griterío.

Lobos del sol en el cielo de invierno

Hay otra pista, más humilde. En dialectos suecos, el parhelio, esa mancha de luz que a veces aparece junto al sol en días de frío, se llamaba solvarg o solulf, «lobo del sol»; en noruego, solulv. El estudioso Rudolf Simek propuso que los dos lobos podrían ser una imagen de esos parhelios y de sus parientes junto a la luna, y Christian Etheridge apoyó la idea en 2012.

Conviene recordar también que Sköll, Hati y Mánagarmr solo se conocen por textos islandeses del siglo XIII. No sabemos cuánta gente de la época vikinga contaba su historia.

Verlo en el cielo

Fuentes